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2025-26

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La temporada comenzó con uno de los cambios más importantes en la historia del club, con el paso de la Fonteta, casa de los partidos del club de 1987 a 2025, hasta un imponente Roig Arena, situado a escasos metros, y con capacidad máxima de 15.600 espectadores.

La plantilla seguiría liderada por Pedro Martínez y su staff, con una base de jugadores del año anterior, con Jean Montero, Sergio de Larrea, Brancou Badio, Josep Puerto, Xabi López-Arostegui, Jaime Pradilla, Matt Costello, Nate Sestina y Nate Reuvers.

Para el puesto de base-escolta, llegaban dos jugadores desde Turquía, el base Darius Thompson desde Anadolu Efes, y el escolta Omari Moore, desde Darussafaka. Para el puesto de alero, desde Unicaja llega Kameron Taylor, y desde Estados Unidos llega Isaac Nogués. En el juego interior, dos llegadas más, las de Neal Sako desde el ASVEL francés y la de Yankuba Sima desde Unicaja.

Las lesiones se ceban con el equipo en pretemporada, viendo como hasta 4 jugadores tiene que frenar antes de la Supercopa Endesa en Málaga. Esto provoca la llegada de dos jugadores de forma temporal, el húngaro Valerio-Bodón, que ayuda pero no debuta, y el base norteamericano Ike Iroegbu, que sí juega con regularidad ese primer mes. Pese a estas bajas, sin Montero, Badio, Xabi o Sima, el equipo consigue de forma brillante el primer título de la temporada, superando al anfitrión Unicaja en semifinales y al Real Madrid en la final, era el presagio de una temporada que traería altos vuelos.

Con el título bajo el brazo, Roig Arena abrió sus puertas para vivir una nueva experiencia en el baloncesto valenciano. Partidos inaugurales seguidos ante Virtus Bologna y FC Barcelona con sendas victorias y un ambiente de expectación e ilusión. Casi 15.000 personas ponían cifra a lo nunca antes visto en el baloncesto de la ciudad.

Poco después, llegaría un nuevo retoque en el juego interior de la plantilla. Nate Sestina abandonaría el club, al que llegaría Braxton Key desde Estados Unidos.

Con el primer equipo cuajando una temporada notable tanto en la Liga Endesa como en una durísima EuroLeague, Valencia se preparaba para ser anfitrión de la primera Copa del Rey en 23 años. En una edición espectacular, y tras superar en cuartos de final al Joventut de Badalona, sólo unos malos últimos segundos ante el Real Madrid en semifinales privaron a Valencia Basket de llegar a la final de Copa en su casa, en una edición que acabaría ganando Kosner Baskonia.

Superado el tropiezo, la temporada siguió a un ritmo vertiginoso en las dos competiciones. Se acercaba el final de una increíble Liga Regular en la EuroLeague, en al que los taronja llegaron a liderar la tabla de los 20 mejores equipos de Europa. Victorias en pistas como las del Olympiacos o Panathinaikos, o el Roig Arena como fortín casi inexpugnable permitían soñar con una gran edición. La victoria final en Zenica (Bosnia y Herzegovina) ante Dubai permite sellar una histórica segunda plaza que permitiría, por primera vez en la historia, llegar a los cruces de cuartos de EuroLeague con factor campo a favor.

Enfrente, todo un Panathinaikos, el presupuesto más alto de la EuroLeague, con un fichaje de campanillas como Nigel Hayes-Davies recién retornado desde la NBA, y con una plantilla plagada de estrellas con Ergin Ataman al frente. La eliminatoria, a cinco partidos, se recordará durante años. Los griegos consiguieron ganar los dos primeros partidos en un Roig Arena entregado. El propio Hayes-Davies anotaría una canasta sobre la bocina para poner el 0-2 en lo que parecía el final de un precioso sueño. Nada más lejos de la realidad.

Valencia Basket cogió las maletas rumbo a Atenas con el firme propósito de alargar la serie, y bien que lo hizo. En el tercer partido, los taronja respondieron al cada arreón local para llevarse un partido que quedó marcado por la doble expulsión de Pedro Martínez y Ataman, en una imagen que quedaría grabada para el futuro. En el cuarto, los taronja volvieron a imponerse al infierno del OAKA, haciendo retornar la serie a Valencia para un quinto y definitivo. En un Roig Arena lleno hasta los topes, con 15.000 camisetas con el lema “Llarg será el camí” y una silueta reconocible, Valencia Basket completó la remontada en otro partido que quedará para siempre en nuestras memorias. 3-2 y billete para la primera Final Four de la historia del club, que, paradójicamente, se celebraría en el propio OAKA, casa del Panathinaikos.

Sólo dos semanas después de este cúmulo de emociones, 700 taronja cogieron una maleta cargada de ilusión para vivir la primera Final Four de Euroleague en 40 temporadas de historia. Rumbo a Atenas, donde sólo llegan los cuatro mejores equipos de Europa, y donde compartiríamos competición con Real Madrid, Olympiacos y Fenerbahce Beko. Los taronja jugarían el segundo partido de semifinales, donde un Real Madrid más experto consiguió el billete para la final. Por primera vez en muchos años, no se disputaría el partido del tercer y cuarto puesto, por lo que los taronja acabarían en esa semifinal el mejor trayecto europeo de la historia masculina.

De vuelta a la realidad doméstica, Valencia Basket tuvo que apretar los dientes para asegurar una buena posición en la liga regular de la Liga Endesa, puesto que el compatibilizar la Liga con el PlayOff EuroLeague había tenido como consecuencias algunos tropiezos que ponían incluso en riesgo el factor campo para cuartos de final.

Antes de este proceso final, una última incorporación. El base granadino Álvaro Cárdenas, fichado en verano y cedido al Peristeri griego, volvía de su cesión y se incorporaba directamente al primer equipo, con un impacto inmediato.

Una buena recta final, con una gran victoria en el Palau Blaugrana permitió acabar también segundo la liga regular. Una victoria en el Palau Blaugrana, ¿de qué me sonará? Sigamos.

Ya en el Playoff, los cuartos de final emparejaron al equipo con el sorprendente Surne Bilbao de Jaume Ponsarnau. Tras un durísimo primer partido en Roig Arena, donde los taronja tuvieron que remontar 13 puntos en los últimos 6 minutos de partido, Valencia Basket selló la clasificación en Bilbao con un partido solvente, 0-2 y a semifinales.

En las semis, esperaba el Asisa Joventut liderado por Ricky Rubio. El primer partido, disputado en Roig Arena, fue otra oda al baloncesto, y se resolvió para los taronja 118-117 tras una prórroga. En el segundo y el tercer partido, los de Pedro Martínez demostraron un nivel superior, consiguiendo el billete para la gran final en el Olímpic con 250 taronjas disfrutando en la grada.

La final, ante todo un FC Barcelona, y de nuevo con el factor campo a favor, iba a deparar emociones fuertes. Empezando por un primer partido espectacular, igual que en semifinales, aunque con diferente resultado. Los culés se llevarían el partido por 112-113 tras una prórroga, robando el factor campo. Valencia Basket respondería con contundencia, ganando el segundo partido 102-75 e igualando una serie que debía viajar a Barcelona para, al menos, los dos siguientes partidos.

 La afición de Valencia Basket agotó en minutos las plazas para viajar a los dos partidos de la final, dando su aliento en busca de culminar a lo grande un año que ya era histórico. El equipo, con la firme intención de seguir en la buena línea, se impuso en el tercer partido por 80-88, superando el empuje local y quedándose a sólo un triunfo de la gloria. Dos días después, con un Palau Blaugrana con más de 500 taronja poblando sus gradas y 6000 más viéndolo desde el Roig Arena, Valencia Basket asestó el golpe definitivo a la final, ganando por un inolvidable 84-108 y montando una fiesta en la pista y las gradas que quedará para siempre. Josep Puerto y Jaime Pradilla habían levantado la segunda Liga Endesa de la historia de Valencia Basket, en un título que se festejaría ante miles de taronjas el día siguiente en la ciudad.